No quiero acostumbrarme
a la seguridad de nada,
que tus brazos sean
todos los días distintos,
que tu piel huela
a aromas de días inciertos,
que tus ojos cambien
su tonalidad como el tiempo,
que tu voz se pierda y
se encuentre,
en el laberinto de los recuerdos.
No quiero acostumbrarme
a amarte,
a saberte sólo mío,
a ser los dos siempre
los mismos seres
que vencen juntos los vacíos.
Mutarnos en el amor
continuamente,
morir y revivir,
en cada flor,
tal como si fuéramos
la piel de un camaleón,
que cambia su color y su pasión
junto con la misma luz de la
naturaleza,
y así constantemente rejuvenece
en su esplendor.
No quiero que tus besos sepan
al primer sabor que he degustado,
quiero sorprenderme
cada vez que me tocan tus labios.
quiero ser tu piel,
y tu mi piel,
en esta loca algarabía de cambiarnos
las esencias.
Construirnos, crearnos a cada instante
para que el espacio y tiempo,
sean burlados por nuestras
experiencias.
No quiero acostumbrarme
a tu querer,
no es falta de cariño,
ni indiferencia de caricias,
quiero que lo nuestro sea, siendo,
que no empiece nunca
ni termine de ser
para así conservar su
consistencia.
No quiero acostumbrarme
a lo esperado,
apuesto a lo siempre renovado,
apuesto al asombro
de no saber,
pero seguir siendo uno en el otro
como agua que es la misma
y siempre cambia,
en el devenir del río,
porque no quiero acostumbrarme
a ver caer los días,
sabiendo lo que pasará
por la mañana.
No quiero acostumbrarme a nada...
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